por Dea Apocopia el 18 Sep 2007, 18:32
Romantico?? xDDDD
Aqui va OTRA de las mias... jeje. Coged aire porq es bastante larga. No le he puesto titulo.
Estaba yo paseando un día,
y en eso, con el amor me encontré.
Y enfadada le pregunté:
-¿Acaso disfrutáis haciendo
sufrir al mortal?
Y díjome él, con una mirada especial:
-No menos disfrutas tú,
con el beso de aquél
con quien yo te junté.
Díjele yo:
-Por si no lo sabéis,
aquel con quien una vez
hicisteis en mi camino cruzar,
es ahora aquel
con quien acabo de hablar.
Y díchome ha, sin palabra citar,
pues de tanto tiempo junto a él,
conozcole con sólo mirar,
que su corazón suyo es,
y nunca lo entregará.
Yo creí que, haciéndomelo vos conocer,
sería porque, su momento debió llegar.
Pero vos estabais bien equivocado.
-¿Por qué, mi querida niña? –díjome el amor,
secándome la lágrima, que bajaba por mi mejilla.
-Porque aquel de quien me hiciste enamorar,
aquel del que ahora me refugio en vos,
aquel es hombre frío; pues a pesar de siempre estar
jurando que desea amar, al fin he podido comprobar,
que falso completamente es, ya que aún no he podido ver
el calor del que tanto le he oído hablar,
que desprende su desesperado corazón.
-Trabajo tuyo fue, desprender ese amor,
que con tanto anhelo quisiste desear.
-Y eso mismo intenté; pero jamás fracasé antes.
Siempre lo logré encontrar, en todos los corazones
que vos hasta ahora, me habíais mandado.
Y precisamente por eso, conforme no quedaba.
-Y por eso te mandé el corazón
que creí resolvería tu ansia,
pues su dueño, es el amor en persona.
-Equivocado estáis de nuevo.
O nacisteis ayer, o ciega estoy yo.
Pues ese amor al que os referís,
no fue creado para mí.
Fue creado para él mismo.
-No habléis así, niña mía.
Que razón no tienes.
No seas tan egoísta.
-Eso también me lo dice él.
Yo no soy egoísta.
Simplemente, no sé lo que es el amor,
puesto que él, ni me lo enseña
ni el suyo me ofrece.
Así que no me digáis que egoísta soy,
pues me acusáis de no ser algo
que nadie me ha enseñado.
-Ah... no. No te pongas a llorar.
Ven y cálmate en mi brazo.
-¡No! Pues de vuestro brazo sólo sale maldad,
que disfrutáis viéndome sufrir y llorar.
Marchad, marchad y dejadme en paz.
-Equivocada estás tú ahora,
pues como creador de ti,
mi voluntad es verte sonreír.
Y si no hubo suerte esta vez,
sigue soñando, que con mi ayuda,
el próximo amor, será el tuyo.
-Mentís... no hacéis más que mentir.
Yo nunca pedí que os cruzaseis en mi camino,
y vos lo hicisteis contra mi voluntad.
Me habéis roto el corazón,
y ya van dos por hoy.
Cansada estoy ya,
de tanto esperar.
Que, hasta ahora, gustosa lo hice,
eso no os lo niego.
Pero la vida no se detiene,
en el momento feliz del amor.
Sino que sigue, y yo no puedo
ni debo el tiempo perder.
-Me asustas con eso que dices;
¿no habrá ido, por casualidad,
esta mañana, a tu ventana llamar,
mi gran enemiga, la frialdad?
-¡Qué más dará! Pues ahora ya...
de nada servirá que yo sepa o no amar;
si nunca tuve a quien demostrar tal.
Es más, sí existió una vez,
y aquel de quien tan orgulloso habláis,
aquel que con el propio amor comparáis,
aquél a su nombre responde.
Y el muy egoísta, mi amor no supo valorar.
-A punto de convencerme estás.
-De nada me aliviará que os pueda o no convencer,
pues para lo que me ayudáis,
mejor con vos no tener nada que ver.
-No seas cruel conmigo.
-De otro modo no me han enseñado a amar.
Y es así como os amo a vos;
de la misma manera que,
aquel a quien tanto admiráis,
desde siempre me amó.
-Sabes que eso no es verdad.
Él te amó, y mucho.
Pero no entendiste su forma de amar.
-No la entendí porque no era la que necesitaba.
Y por eso me marcho ahora,
aunque me haya dado cuenta
demasiado tarde.
-Tu sabrás lo que haces.
-Sé bien lo que haré.
Pues aunque hubo entendimiento,
y buenos ardientes momentos,
como él decía siempre,
no había amor, por mucho que vos me lo discutáis.
Y si ahora mi opinión no compartís,
y que yo me marche os parece mal,
entonces, no haber permitido
que una vez mi corazón encontrara al suyo.
Pues culpa sólo vuestra es.
-Culpa mía es. Pero nada puedo hacer,
pues nací con ese trabajo,
que es el de hacer conocer
a los corazones que más amor necesitan,
y que por sí solos, capaces no son de encontrar.
Y yo creí la vuestra, la unión perfecta.
Pero mis errores sé reconocer,
y siento haberte hecho sufrir,
por pensar que él te merecía.
-No se trata de que él me merezca o
yo le merezca a él.
Los dos nos merecemos a los dos.
Yo le necesito a él,
él me necesita a mí.
Quizá el problema fue
que en mal momento de la vida
le hicisteis aparecer a mí.
Hacedme un favor;
hablando todo el rato de él,
habéis conseguido que recuerde
todo aquello feliz que con él viví.
Y os pido, si mucha molestia no es,
que en otra vida,
permitáis que él a mí acuda.
Pues ya le echo de menos,
aunque mi pensamiento y mi corazón
de él ya hayan rehusado.
-Si ese es tu deseo, así lo cumpliré.
Que bien feliz quiero verte,
y todo cuanto pueda hacer,
gustoso lo haré.
-Me aliviáis con vuestra ternura.
Gracias amor; pues aunque sois el único
que llorar y sufrir me hacéis,
precisamente así es,
porque me amáis con todo vuestro ser.
Espero conozcáis el famoso refrán.
-Claro que sí, niña mía; pues yo lo inventé.
Y tal vez, por eso mismo deberías retroceder
a lo que antes hablabas de él.
Si tanto te hizo llorar,
¿no crees que, quizá, es porque
amarte con locura guarda,
y no se atreve a proclamar?
-Ya lo pensé, y muchas veces,
querido amigo...
Pero me cansé de esperar,
y tanto esperé, que convencida quedé,
de que ello nunca podría ser.
Así que no sigáis a mi alma
alimentando falsamente,
con esperanzas de cristal;
que muy bonitas y delicadas son,
pero enseguida se rompen.
Prisa tengo, mi amor.
Dejad al fin, que mi alma
su camino siga.
-No te entretengo más, mi niña;
marchar de dejo en paz,
con la noticia de que pronto
nos volveremos a encontrar.
-De sobra lo sé ya,
y ansiosa esperaré,
a que momento llegue tal.
Dadme un beso, mi señor,
y hasta entonces, pues.
-Aquí lo tenéis, mi niña.
Que os ayude a caminar,
sobre la tierra que ahora se seca
de las lágrimas que siempre echáis.
Y se esfumó, tal como vino.
Y me dejó, si no igual que antes,
quizá mucho peor.
